Convocar y escuchar
Las primeras reuniones son el corazón del proceso: escuchar a quienes caminan, pedalean, cuidan, enseñan y trabajan en el barrio. Mapear puntos inseguros, charcos crónicos, cruces peligrosos y plazas desaprovechadas permite priorizar con empatía. Mecanismos sencillos, como pizarras móviles, recorridos participativos y encuestas por mensajería, reúnen voces diversas. Documentar fotos, horarios críticos y pequeñas historias ayuda a describir mejor el problema. Cuanto más precisa la escucha, más sólido el proyecto que nacerá después, porque parte de la experiencia cotidiana y no de suposiciones lejanas.